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Sekkan · Vol. 3, núm. 5 · pp. 107–126 Artículo original

Tamizajes educativos: clave en la tutoría académica

Educational Screenings: A Key to Academic Tutoring

  1. 1 Universidad Virtual del Estado de Guanajuato, México
  2. 2 Universidad Tecnológica de Cancún, México
Publicado: 26 de junio de 2026 Recibido: 3 de abril de 2026 Aceptado: 15 de mayo de 2026

Resumen

El objetivo de este estudio es analizar la importancia de los tamizajes dentro de la tutoría académica como estrategia para fortalecer la permanencia escolar y el desarrollo integral en estudiantes de educación media superior y superior. Se parte de la premisa de que la aplicación de tamizajes permite identificar oportunamente factores de riesgo académicos, emocionales y sociales, favoreciendo intervenciones pertinentes y oportunas. El diseño metodológico corresponde a un enfoque cualitativo, no experimental y descriptivo-interpretativo, sustentado en la observación participante, el análisis de casos y la aplicación sistemática de instrumentos diagnósticos en contextos educativos diversos. La base teórica integra aportes de la educación socioemocional, la teoría de la integración académica y social, así como el enfoque de formación integral. Los resultados muestran que los tamizajes favorecen una tutoría más precisa, contextualizada y preventiva, con efectos positivos en la permanencia escolar, el bienestar emocional y la toma de decisiones del estudiante. Como limitación, el estudio se fundamenta en experiencias situadas, lo que restringe la generalización de los hallazgos; sin embargo, sus implicaciones resultan relevantes para el diseño de programas institucionales de tutoría más eficaces. La originalidad de este trabajo radica en la sistematización de la práctica tutorial desde un enfoque diagnóstico aplicado a contextos reales. Se concluye que los tamizajes constituyen una estrategia clave para fortalecer la equidad educativa, mejorar la atención personalizada y favorecer el desarrollo integral del estudiantado.


Abstract

The objective of this study is to analyze the importance of screenings within academic tutoring as a strategy to strengthen student retention and integral development in upper secondary and higher education. This study assumes that the timely application of screenings makes it possible to identify academic, emotional, and social risk factors that may affect students’ educational trajectories. The methodological design follows a qualitative, non-experimental, descriptive-interpretative approach, supported by participant observation, case analysis, and the systematic use of diagnostic instruments in diverse educational contexts. The theoretical framework integrates contributions from socio-emotional education, academic and social integration theory, and comprehensive education approaches. Results indicate that screenings support the early detection of relevant risk conditions, enabling more precise, differentiated, and contextualized interventions. These interventions have a positive effect on student retention, emotional well-being, and decision-making processes. As a limitation, the study is based on situated experiences, which may restrict the generalization of findings; however, its implications are valuable for the design and improvement of institutional tutoring programs. The originality of the study lies in the systematization of tutoring practice through a diagnostic-based approach applied in real educational settings. It is concluded that integrating screenings into academic tutoring represents a key strategy to promote educational equity, enhance personalized support, and foster students’ integral development in a sustainable and context-sensitive manner.


Palabras clave: Tutoría académica tamizaje educativo permanencia escolar educación media superior educación superior
Keywords: Academic tutoring educational screening student retention upper secondary education higher education

Introducción

En el contexto educativo contemporáneo, la permanencia escolar se ha consolidado como uno de los principales desafíos para los sistemas educativos a nivel internacional, particularmente en los niveles medio superior y superior, donde los índices de abandono presentan mayor incidencia. De acuerdo con organismos como la UNESCO (2021) y la OECD (2022), el abandono escolar no solo representa una interrupción en la trayectoria académica del estudiante, sino que implica consecuencias profundas en términos de desigualdad social, limitación de oportunidades laborales y debilitamiento del desarrollo económico de los países.

A diferencia de enfoques tradicionales que atribuían el abandono escolar exclusivamente al bajo rendimiento académico, las investigaciones recientes coinciden en que se trata de un fenómeno multidimensional (Peralta et al. 2020). En este intervienen factores estructurales, como las condiciones socioeconómicas; factores institucionales, como la calidad de los procesos educativos; y factores personales, entre los que destacan el bienestar emocional, la motivación y el sentido de pertenencia del estudiante. Esta complejidad obliga a replantear la forma en que se diseñan e implementan las estrategias de atención educativa (Peralta y De la Cruz, 2024).

En este escenario, los modelos educativos centrados únicamente en la transmisión de contenidos han mostrado claras limitaciones. La diversidad de contextos en los que se desarrollan los estudiantes, así como las condiciones de vulnerabilidad que enfrentan muchos de ellos, requieren enfoques más integrales que permitan comprender al sujeto educativo más allá de su desempeño académico. Esto implica reconocer que el aprendizaje está profundamente influido por dimensiones emocionales, sociales y contextuales (Peralta, 2025).

Dentro de estas estrategias, la tutoría académica ha emergido como una herramienta institucional clave para favorecer la permanencia escolar. Su propósito es acompañar al estudiante a lo largo de su trayectoria educativa, brindando orientación, seguimiento y apoyo en distintas áreas de su desarrollo. Sin embargo, a pesar de su relevancia, en muchos contextos educativos la tutoría continúa operando bajo esquemas tradicionales que limitan su impacto.

Una de las principales problemáticas de la tutoría académica radica en su carácter estandarizado. En lugar de partir de un conocimiento profundo de las necesidades del estudiante (Peralta et al. 2022), las intervenciones suelen diseñarse de manera generalizada, sin considerar las particularidades del contexto ni las condiciones individuales. Esto genera acciones poco pertinentes que no logran incidir en las causas reales del abandono escolar. Como señalan diversos estudios (ANUIES, 2020; Tinto, 2017), la falta de personalización reduce significativamente la efectividad de los programas de tutoría.

En la práctica, esto se traduce en una tutoría que opera de manera reactiva, es decir, que interviene cuando los problemas ya se han manifestado, en lugar de prevenirlos. Se atienden síntomas visibles, como el bajo rendimiento o la inasistencia, pero se dejan de lado los factores que los originan. En consecuencia, las intervenciones resultan insuficientes, ya que no abordan la raíz de las problemáticas.

Ante este panorama, se vuelve necesario incorporar herramientas que permitan identificar de manera oportuna las condiciones reales del estudiante. En este sentido, los tamizajes educativos se posicionan como una estrategia metodológica clave, al permitir la detección temprana de factores de riesgo que influyen en la trayectoria escolar.

Los tamizajes pueden entenderse como instrumentos diagnósticos iniciales que permiten recopilar información relevante sobre distintas dimensiones del estudiante, incluyendo aspectos académicos, emocionales y sociales. Su principal aporte radica en su carácter preventivo, ya que permiten identificar problemáticas antes de que estas se conviertan en situaciones críticas. Esto posibilita diseñar intervenciones más oportunas, pertinentes y contextualizadas.

Desde la experiencia en la práctica educativa, se ha observado que muchas de las dificultades académicas no tienen su origen en la capacidad del estudiante, sino en condiciones externas que no son visibles dentro del aula. Situaciones como conflictos familiares, problemas emocionales, desmotivación, contextos de violencia o precariedad económica influyen directamente en el desempeño académico. Sin embargo, al no ser identificadas mediante procesos diagnósticos, estas problemáticas permanecen ocultas dentro de los modelos tradicionales de tutoría.

En este sentido, la incorporación de tamizajes dentro de la tutoría académica permite trascender la visión reduccionista del acompañamiento educativo. Al contar con información diagnóstica, el tutor puede comprender al estudiante desde una perspectiva integral, lo que facilita la construcción de estrategias de intervención más ajustadas a su realidad. Esto implica pasar de una tutoría generalizada a una contextualizada, basada en evidencia.

Asimismo, la integración de tamizajes contribuye a transformar la práctica tutorial, al convertirla en un proceso sistemático y fundamentado. Ya no se trata únicamente de orientar o acompañar, sino de intervenir con base en información que permita priorizar acciones, identificar riesgos y dar seguimiento a los procesos del estudiante. Este enfoque fortalece el papel del tutor como agente clave en la permanencia escolar.

El presente artículo tiene como propósito analizar la importancia de los tamizajes dentro de la tutoría académica, a partir de la sistematización de experiencias en distintos contextos educativos. Se busca evidenciar cómo la incorporación de herramientas diagnósticas permite identificar factores de riesgo que no son visibles en el aula, así como diseñar intervenciones más pertinentes que favorezcan la permanencia escolar y el desarrollo integral del estudiante.

De igual forma, este trabajo se inscribe en la necesidad de fortalecer las prácticas tutoriales desde un enfoque integral, reconociendo que el acompañamiento educativo no puede ser homogéneo. Por el contrario, debe adaptarse a las condiciones específicas de cada estudiante y a la diversidad de contextos en los que se desarrolla. En este sentido, la tutoría académica basada en tamizajes no solo representa una estrategia metodológica, sino un cambio de paradigma en la forma de comprender la intervención educativa.

Marco Teórico

Tutoría académica y permanencia escolar

La permanencia escolar constituye uno de los principales indicadores de calidad en los sistemas educativos contemporáneos, particularmente en los niveles medio superior y superior, donde los índices de abandono presentan mayor incidencia y complejidad. Más allá de su dimensión cuantitativa, la permanencia debe entenderse como un proceso multifactorial que refleja no solo la continuidad del estudiante en el sistema educativo, sino también la capacidad de las instituciones para generar condiciones que favorezcan su integración, desarrollo y éxito académico.

Desde una perspectiva teórica, Tinto (2017) plantea que la permanencia escolar depende en gran medida del nivel de integración académica y social del estudiante dentro de la institución. Este modelo sostiene que los estudiantes que logran establecer vínculos significativos con su entorno educativo —ya sea a través de su desempeño académico, la interacción con docentes o la pertenencia a grupos sociales— presentan mayores probabilidades de persistir en sus estudios. No obstante, aunque este enfoque ha sido ampliamente validado, también ha sido objeto de críticas por su énfasis en la responsabilidad individual del estudiante, dejando en segundo plano las condiciones estructurales y contextuales que influyen en su trayectoria.

En este sentido, diversos autores han propuesto una visión más amplia de la permanencia escolar, incorporando factores como el contexto socioeconómico, las condiciones familiares, la cultura institucional y las desigualdades sociales. Estas perspectivas coinciden en que la permanencia no puede entenderse únicamente como un proceso de adaptación del estudiante al sistema educativo, sino como una interacción compleja entre el individuo y su entorno. En contextos latinoamericanos, donde las brechas de desigualdad son más pronunciadas, esta mirada resulta especialmente relevante.

Asimismo, la permanencia escolar debe concebirse como un proceso dinámico y progresivo. La desvinculación del estudiante no ocurre de manera abrupta, sino que se manifiesta gradualmente a través de indicadores como la desmotivación, el ausentismo, la disminución del rendimiento académico y la pérdida de sentido de pertenencia. Estos factores configuran trayectorias de riesgo que, de no ser atendidas oportunamente, pueden derivar en el abandono escolar.

Dentro de este marco, la tutoría académica se posiciona como una estrategia institucional clave para favorecer la permanencia escolar. De acuerdo con la ANUIES (2020), la tutoría debe entenderse como un proceso sistemático de acompañamiento orientado al desarrollo integral del estudiante, que incluye no solo el apoyo académico, sino también la atención a dimensiones personales, emocionales y sociales.

Sin embargo, en la práctica, muchos programas de tutoría continúan operando bajo esquemas estandarizados que limitan su efectividad. La implementación de estrategias homogéneas, sin considerar las particularidades de los estudiantes, reduce el impacto del acompañamiento y dificulta la atención de problemáticas específicas. En este sentido, la ausencia de diagnósticos previos y de seguimiento continuo representa una de las principales debilidades de los modelos tradicionales de tutoría.

Investigaciones recientes han demostrado que los programas de tutoría que incorporan procesos sistemáticos de diagnóstico, seguimiento y evaluación presentan mejores resultados en términos de retención, rendimiento académico y bienestar del estudiante (OECD, 2022). Esto evidencia la necesidad de transitar hacia modelos de tutoría más flexibles, contextualizados y basados en información, que permitan responder de manera efectiva a la diversidad de trayectorias estudiantiles.

Educación socioemocional y desarrollo integral

En las últimas décadas, la educación socioemocional ha adquirido un papel central en la comprensión de los procesos educativos, al reconocer que el aprendizaje no es únicamente un fenómeno cognitivo, sino una experiencia integral en la que intervienen emociones, relaciones y contextos. Este enfoque rompe con las visiones tradicionales de la educación centradas exclusivamente en la adquisición de conocimientos, y propone una formación orientada al desarrollo pleno del individuo.

Bisquerra (2020) define la educación emocional como un proceso educativo continuo que tiene como objetivo el desarrollo de competencias emocionales, entre las que destacan la conciencia emocional, la regulación de las emociones, la autonomía personal, la competencia social y las habilidades para la vida y el bienestar. Estas competencias permiten al estudiante enfrentar de manera más efectiva los desafíos académicos y personales, favoreciendo su adaptación al entorno educativo.

Diversas investigaciones han evidenciado el impacto de la educación socioemocional en el desempeño académico y la permanencia escolar. Durlak et al. (2011) demostraron que los programas que integran el desarrollo de habilidades socioemocionales no solo mejoran los resultados académicos, sino que también reducen conductas de riesgo, fortalecen la convivencia escolar y aumentan el compromiso del estudiante con su proceso educativo.

En el contexto de la tutoría académica, la educación socioemocional adquiere un papel estratégico, ya que permite abordar problemáticas que no son visibles en el aula, pero que influyen de manera significativa en la trayectoria del estudiante. Factores como la ansiedad, el estrés, la baja autoestima, la desmotivación o las dificultades en las relaciones interpersonales pueden afectar el rendimiento académico y, en casos más complejos, derivar en el abandono escolar.

Por ello, la tutoría académica no puede limitarse a la orientación académica tradicional, sino que debe incorporar el desarrollo de habilidades socioemocionales como parte de su intervención. Esto implica generar espacios de confianza en los que el estudiante pueda expresar sus inquietudes, así como implementar estrategias que favorezcan la autorregulación emocional, la resiliencia y el sentido de pertenencia.

No obstante, uno de los principales desafíos radica en la formación de los tutores, quienes en muchos casos no cuentan con las herramientas necesarias para abordar estas dimensiones. Esto pone de manifiesto la necesidad de fortalecer la capacitación docente en el ámbito socioemocional, así como de integrar este enfoque de manera transversal en los programas de tutoría.

Diagnóstico educativo y uso de tamizajes

El diagnóstico educativo constituye un elemento fundamental en la intervención pedagógica, ya que permite identificar las características, necesidades y condiciones del estudiante, orientando la toma de decisiones en el proceso educativo. Coll (2013) plantea que el diagnóstico no debe entenderse como un acto aislado, sino como un proceso continuo que acompaña el desarrollo del estudiante y permite ajustar las estrategias de intervención de manera oportuna.

En este marco, los tamizajes se posicionan como herramientas clave para la detección temprana de factores de riesgo. A diferencia de las evaluaciones tradicionales, centradas principalmente en medir el rendimiento académico, los tamizajes tienen un enfoque preventivo, orientado a identificar condiciones que podrían afectar la trayectoria escolar antes de que se manifiesten de manera crítica.

La aplicación de tamizajes permite recopilar información relevante sobre diversas dimensiones del estudiante, incluyendo aspectos académicos, emocionales, sociales y contextuales. Esta información facilita la construcción de estrategias de intervención más pertinentes, al permitir comprender al estudiante desde una perspectiva integral.

Organismos internacionales como la OECD (2022) han destacado la importancia de incorporar herramientas diagnósticas en los sistemas educativos, señalando que estas contribuyen a mejorar la eficacia de las intervenciones pedagógicas y a optimizar la asignación de recursos. De manera similar, la UNESCO (2021) enfatiza la necesidad de fortalecer los procesos de detección temprana como estrategia para prevenir el abandono escolar.

En el ámbito de la tutoría académica, los tamizajes representan una innovación metodológica que permite superar los enfoques generalizados. Al contar con información específica sobre el estudiante, el tutor puede diseñar intervenciones más ajustadas a sus necesidades, lo que incrementa la probabilidad de éxito en el acompañamiento.

Sin embargo, su implementación también plantea retos importantes, como la necesidad de garantizar la validez y confiabilidad de los instrumentos, la protección de la información personal y la adecuada interpretación de los resultados. Por ello, el uso de tamizajes debe ir acompañado de procesos de formación y seguimiento que aseguren su correcta aplicación.

Formación integral

El enfoque de formación integral se fundamenta en la idea de que el proceso educativo debe atender todas las dimensiones del ser humano. Esto implica reconocer que el estudiante no es únicamente un sujeto que adquiere conocimientos, sino una persona en desarrollo que enfrenta múltiples desafíos en su entorno personal, social y académico.

La Secretaría de Educación Pública (SEP, 2020) establece que la educación debe orientarse al desarrollo pleno del individuo, promoviendo competencias que le permitan integrarse de manera efectiva a la sociedad. En este sentido, la formación integral implica la articulación de dimensiones cognitivas, emocionales, sociales y éticas.

Desde esta perspectiva, la tutoría académica basada en tamizajes se alinea con el enfoque de formación integral, al permitir diseñar intervenciones que responden a la complejidad del estudiante. Al integrar información diagnóstica, el acompañamiento se vuelve más dinámico, contextualizado y pertinente.

Asimismo, este enfoque contribuye a la construcción de una educación más equitativa, al reconocer que no todos los estudiantes parten de las mismas condiciones. La identificación de desigualdades permite diseñar estrategias diferenciadas que favorezcan la inclusión y la permanencia escolar.

No obstante, la implementación de un enfoque de formación integral requiere cambios estructurales en las instituciones educativas, incluyendo la revisión de los modelos pedagógicos, la capacitación docente y la incorporación de estrategias de acompañamiento más flexibles.

Escenarios de vulnerabilidad

Uno de los principales retos en la implementación de programas de tutoría académica radica en la diversidad de contextos en los que se desarrollan los estudiantes. Las condiciones socioeconómicas, culturales y familiares influyen de manera significativa en la experiencia educativa, por lo que resulta fundamental considerarlas en el diseño de las estrategias de acompañamiento.

Diversos estudios realizados en países como México, Colombia, Brasil, Guatemala y Honduras han señalado que los estudiantes en contextos de vulnerabilidad presentan mayores probabilidades de abandono escolar, debido a factores como la pobreza, la violencia, la falta de acceso a servicios básicos y la desintegración familiar (UNESCO, 2021). Estas condiciones generan barreras adicionales que dificultan la continuidad educativa y requieren ser abordadas desde un enfoque integral.

En estos escenarios, la tutoría académica adquiere un papel aún más relevante, ya que puede contribuir a mitigar los efectos de dichas condiciones. La aplicación de tamizajes permite identificar de manera más precisa las necesidades del estudiante, considerando no solo su desempeño académico, sino también su entorno social y familiar.

Desde esta perspectiva, la tutoría basada en tamizajes se posiciona como una estrategia que no solo busca mejorar el rendimiento académico, sino también generar condiciones que favorezcan la permanencia escolar y el desarrollo integral, incluso en contextos adversos.

Subsistemas de educación media superior y superior en México

El análisis de la permanencia escolar y de las estrategias de acompañamiento estudiantil exige considerar la estructura del sistema educativo en el que dichas prácticas se desarrollan. En el caso de México, la educación media superior (EMS) y la educación superior se caracterizan por una configuración altamente diversificada en términos de subsistemas, modelos educativos y condiciones institucionales. Si bien esta diversidad ha sido históricamente interpretada como un mecanismo de ampliación de cobertura, también ha dado lugar a una segmentación estructural que incide directamente en las trayectorias escolares de los estudiantes.

En el nivel medio superior, la coexistencia de distintos subsistemas —como el bachillerato general, el bachillerato tecnológico y la educación profesional técnica— configura un sistema heterogéneo en el que instituciones como el Colegio de Bachilleres (COLBACH), el CONALEP, la DGETI y los telebachilleratos comunitarios operan bajo lógicas organizativas y condiciones materiales diferenciadas. Esta heterogeneidad no solo responde a orientaciones formativas distintas, sino que refleja desigualdades en la asignación de recursos, infraestructura y capital académico disponible.

Lejos de constituir únicamente una pluralidad de opciones educativas, esta configuración evidencia una fragmentación del sistema que tiende a reproducir desigualdades sociales preexistentes. Como han señalado organismos internacionales (UNESCO, 2021; OECD, 2022), los sistemas educativos segmentados suelen concentrar mayores niveles de abandono en aquellos subsistemas que atienden a poblaciones en contextos de mayor vulnerabilidad. En el caso mexicano, esta situación se observa con particular claridad en los telebachilleratos y otros modelos comunitarios, donde las limitaciones en recursos y condiciones de operación afectan de manera directa las posibilidades de permanencia escolar. A ello se suma la ausencia de mecanismos diagnósticos sistemáticos que permitan identificar de manera oportuna las condiciones específicas del estudiantado, lo que limita la capacidad institucional para intervenir de forma pertinente.

En este contexto, la tutoría académica no puede entenderse como una estrategia homogénea aplicable de manera uniforme en todos los subsistemas. Por el contrario, su efectividad depende de su capacidad para adaptarse a las condiciones específicas en las que se desarrolla. Sin embargo, en muchos casos, los programas de tutoría se implementan bajo esquemas estandarizados que no consideran las particularidades institucionales ni las necesidades diferenciadas de los estudiantes. Esta desconexión entre diseño e implementación limita su impacto y reduce su potencial como herramienta para la permanencia escolar. A esta problemática se suma la falta de incorporación de herramientas diagnósticas, como los tamizajes, que permitan identificar factores de riesgo en dimensiones académicas, socioemocionales y contextuales. Sin esta información, la tutoría tiende a operar de manera generalizada y reactiva, en lugar de preventiva y focalizada.

Por otra parte, la educación superior en México presenta una estructura igualmente compleja, integrada por universidades públicas estatales, universidades tecnológicas, universidades politécnicas, instituciones privadas y centros de investigación. Cada uno de estos subsistemas responde a objetivos formativos específicos y atiende a poblaciones con características heterogéneas, lo que configura escenarios diversos en términos de acceso, permanencia y egreso.

Las universidades públicas estatales, que concentran una proporción significativa de la matrícula, enfrentan desafíos asociados a la masificación, la diversidad del estudiantado y las restricciones presupuestales. En este contexto, la tutoría académica ha sido institucionalizada como una estrategia para atender problemáticas como el rezago y el abandono; no obstante, su implementación suele verse limitada por la carga administrativa, la falta de seguimiento sistemático y la ausencia de herramientas diagnósticas que orienten la intervención. Esta carencia evidencia la necesidad de integrar mecanismos como los tamizajes dentro de los modelos de tutoría, no como instrumentos aislados, sino como parte de un sistema de seguimiento continuo que permita orientar la toma de decisiones.

En contraste, las universidades tecnológicas y politécnicas han desarrollado modelos de acompañamiento más estructurados, en gran medida vinculados a su orientación hacia la formación práctica y la inserción laboral. Sin embargo, este énfasis en el rendimiento y la empleabilidad puede derivar en una atención insuficiente a las dimensiones socioemocionales del estudiante, las cuales, como ha sido ampliamente documentado, inciden de manera significativa en la permanencia escolar. En este sentido, la incorporación de tamizajes representa una oportunidad para ampliar el alcance de la tutoría, integrando información que permita atender de manera más integral las necesidades del estudiantado.

En el ámbito de la educación superior privada, si bien existen condiciones institucionales más favorables en términos de recursos y atención personalizada, esto no elimina la presencia de factores de riesgo asociados a la permanencia. En particular, las presiones económicas y los procesos de adaptación académica continúan representando desafíos relevantes para un sector del estudiantado. En estos casos, el uso de herramientas diagnósticas puede contribuir a identificar de manera temprana situaciones que, de no ser atendidas, podrían derivar en trayectorias de abandono.

A pesar de la diversidad de contextos, un elemento transversal en todos los subsistemas es la persistencia de problemáticas relacionadas con el abandono escolar. La evidencia empírica coincide en señalar que uno de los momentos más críticos en la trayectoria educativa se sitúa en la transición entre la educación media superior y la educación superior, etapa en la que convergen factores académicos, emocionales y contextuales que incrementan el riesgo de deserción.

Asimismo, el tránsito entre subsistemas con lógicas institucionales diferenciadas puede generar procesos de desajuste académico y socioemocional en los estudiantes. El paso de un entorno educativo con acompañamiento cercano a uno caracterizado por la masificación y la autonomía puede implicar una ruptura en las redes de apoyo, afectando el sentido de pertenencia y, en consecuencia, la permanencia escolar. En este escenario, la ausencia de mecanismos de diagnóstico y seguimiento continuo dificulta la identificación de estos procesos de desajuste, limitando la capacidad de respuesta institucional.

En este escenario, el fortalecimiento de la tutoría académica no puede limitarse a la mejora de prácticas aisladas al interior de las instituciones. Se requiere avanzar hacia una articulación más amplia entre niveles educativos, que permita dar continuidad al acompañamiento del estudiante a lo largo de su trayectoria. Esto implica concebir el diagnóstico, el seguimiento y la intervención como procesos integrados y sostenidos, en los que herramientas como los tamizajes desempeñen un papel central en la generación de información para la toma de decisiones.

En suma, el análisis de los subsistemas de educación media superior y superior en México permite reconocer que la permanencia escolar no depende exclusivamente de las capacidades individuales de los estudiantes, sino que está profundamente condicionada por las estructuras institucionales en las que se insertan. En este sentido, la tutoría académica basada en tamizajes se posiciona no solo como una estrategia complementaria, sino como un componente necesario para transitar hacia modelos de atención más equitativos, preventivos y contextualizados, capaces de responder a la complejidad del sistema educativo mexicano.

Metodología

Enfoque metodológico

El presente estudio se desarrolló bajo un enfoque metodológico mixto, con predominancia descriptiva e interpretativa, orientado a analizar la incidencia de un modelo de tutoría académica basado en la aplicación de tamizajes en la permanencia escolar de estudiantes de nivel medio superior y superior. La elección de este enfoque respondió a la necesidad de comprender un fenómeno complejo —la deserción escolar— que no puede explicarse únicamente a partir de variables cuantificables, sino que requiere integrar dimensiones socioemocionales, contextuales y académicas.

Desde el componente cuantitativo, el estudio permitió identificar la presencia de factores de riesgo a través de la aplicación de instrumentos estructurados (tamizajes), generando información sistematizada sobre distintas dimensiones del estudiante. Por su parte, el componente cualitativo posibilitó la interpretación de estos datos en función del contexto educativo y las trayectorias individuales, particularmente en lo referente a la toma de decisiones tutoriales y los procesos de canalización.

El diseño del estudio fue no experimental y de corte transversal, dado que no se manipularon variables independientes, sino que se observó el fenómeno en su contexto natural durante un periodo determinado. Asimismo, el alcance fue descriptivo-explicativo, en la medida en que no solo se buscó caracterizar la población estudiantil, sino también analizar la relación entre la detección oportuna de factores de riesgo y las estrategias de intervención implementadas.

Contexto del estudio

El estudio se llevó a cabo entre agosto y septiembre del 2022 en instituciones educativas y de formación ubicadas en los estados de Guanajuato y Chiapas, México. Participaron el Consejo Nacional de Fomento Educativo (CONAFE), el Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicios No. 65 (CBTis 65), ubicado en Irapuato, Guanajuato, y Expertise. Instituto de Formación, Investigación y Evaluación, con sede en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Estas instituciones atienden poblaciones con características socioeconómicas, culturales y académicas diversas, lo que permitió analizar la implementación del modelo en contextos heterogéneos, enriqueciendo la comprensión de su aplicación en diferentes escenarios educativos y de formación.

El contexto en el que se desarrolló la investigación se caracteriza por la presencia de problemáticas asociadas a la permanencia escolar, entre las que destacan el abandono, el rezago académico, la desmotivación estudiantil y la presencia de factores de riesgo socioemocionales. Asimismo, se identificaron condiciones estructurales como limitaciones en recursos, alta carga docente y ausencia de mecanismos sistemáticos de diagnóstico, lo que dificulta la atención oportuna de los estudiantes en situación de vulnerabilidad.

En este escenario surge el proyecto Kambesaj Naj, diseñado en el año 2020 como una propuesta de intervención orientada a fortalecer los procesos de tutoría académica mediante la incorporación de herramientas diagnósticas específicas. El proyecto fue concebido con el objetivo de atender de manera integral las necesidades del estudiantado, incorporando dimensiones académicas, socioemocionales y contextuales en el proceso de acompañamiento.

Participantes

La población participante estuvo conformada por estudiantes de nivel medio superior y superior inscritos en las instituciones donde se implementó el proyecto, en Irapuato, Guanajuato, y Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Se trabajó con una muestra no probabilística de tipo intencional, seleccionada en función de la accesibilidad y la disposición institucional para participar en el estudio.

Los participantes incluyeron fueron estudiantes de distintos semestres y programas educativos, con edades que oscilaron entre los 15 y 24 años, lo que permitió abarcar una diversidad de trayectorias académicas. Esta heterogeneidad resultó relevante para el análisis, ya que permitió identificar diferencias en los factores de riesgo según el nivel educativo y las condiciones personales de los estudiantes. entre agosto y septiembre del 2022.

Los criterios de inclusión consideraron a estudiantes inscritos de manera regular y que aceptaron participar en la aplicación de los instrumentos diagnósticos. Se excluyeron aquellos casos en los que no se contó con información completa o en los que los estudiantes no concluyeron el proceso de evaluación.

Descripción del proyecto Kambesaj Naj

El proyecto Kambesaj Naj, diseñado por Benita Maria Guadalupe Alvarado Vazquez en el año 2020, constituye el eje central de la intervención metodológica. Su propósito es fortalecer la tutoría académica a través de la aplicación de tamizajes diseñados específicamente a partir de indicadores objetivos, permitiendo la detección temprana de factores de riesgo que inciden en la permanencia escolar.

A diferencia de los modelos tradicionales de tutoría, el proyecto se fundamenta en un enfoque preventivo, en el que la identificación oportuna de problemáticas permite intervenir antes de que estas se traduzcan en abandono escolar. En este sentido, el modelo articula tres componentes principales: diagnóstico, intervención y seguimiento.

El diseño del proyecto responde a la necesidad de superar los enfoques generalizados en la atención tutorial, incorporando información sistemática que permita tomar decisiones informadas. Asimismo, se orienta a fortalecer la canalización adecuada de los estudiantes hacia instancias especializadas, particularmente en casos relacionados con riesgos socioemocionales, violencia y consumo de sustancias.

Instrumentos: tamizajes diagnósticos

Uno de los elementos centrales del estudio fue la aplicación de tamizajes diseñados específicamente en el marco del proyecto Kambesaj Naj. Estos instrumentos fueron elaborados a partir de indicadores objetivos, definidos con base en la literatura especializada y en la experiencia profesional de la autora.

Los tamizajes se estructuraron en distintas dimensiones:

  • Dimensión académica: hábitos de estudio, rendimiento, dificultades de aprendizaje

  • Dimensión socioemocional: ansiedad, autoestima, regulación emocional

  • Dimensión contextual: entorno familiar, condiciones económicas, redes de apoyo

  • Dimensión de riesgo: indicadores asociados a violencia y consumo de sustancias

Los instrumentos consistieron en cuestionarios estructurados con escalas de respuesta tipo Likert, lo que permitió cuantificar la información y facilitar su análisis. Asimismo, se diseñaron con un enfoque accesible para los estudiantes, procurando claridad en la redacción y pertinencia cultural.

En términos de validez, los tamizajes se fundamentaron en constructos ampliamente reconocidos en la literatura, lo que permitió garantizar su coherencia teórica. En cuanto a la confiabilidad, se realizó una revisión interna de consistencia en la aplicación piloto, lo que permitió ajustar los instrumentos antes de su implementación formal.

Procedimiento

El procedimiento se desarrolló en cinco fases principales:

Fase 1: Planeación

Se estableció la coordinación con las instituciones participantes, definiendo los tiempos, alcances y condiciones de aplicación del proyecto.

Fase 2: Aplicación de tamizajes

Los instrumentos fueron aplicados a los estudiantes en modalidad presencial o digital, dependiendo de las condiciones institucionales. Esta fase permitió recopilar información inicial sobre la situación de cada estudiante.

Fase 3: Análisis y clasificación

A partir de los resultados, los estudiantes fueron clasificados en niveles de riesgo (bajo, medio y alto), lo que permitió priorizar la atención tutorial.

Fase 4: Intervención

Se implementaron estrategias de tutoría diferenciadas, incluyendo acompañamiento individual, seguimiento académico y canalización a servicios especializados cuando fue necesario.

Fase 5: Seguimiento

Se dio continuidad a los casos identificados, evaluando la evolución de los estudiantes y ajustando las estrategias de intervención.

Estrategia de análisis de datos

El análisis de la información se realizó mediante un enfoque descriptivo, utilizando frecuencias y categorizaciones para identificar patrones en los datos obtenidos. Asimismo, se llevó a cabo un análisis interpretativo que permitió comprender la relación entre los factores de riesgo y las trayectorias escolares.

La clasificación de estudiantes en niveles de riesgo constituyó un eje clave en el análisis, ya que permitió vincular los resultados diagnósticos con las estrategias de intervención implementadas.

Consideraciones éticas

El estudio se desarrolló bajo principios éticos fundamentales, garantizando la confidencialidad de la información y el uso responsable de los datos. Los estudiantes participaron de manera voluntaria, y la información obtenida fue utilizada exclusivamente con fines académicos y de mejora institucional.

Asimismo, se priorizó el bienestar de los participantes, particularmente en aquellos casos en los que se detectaron situaciones de riesgo, asegurando su canalización adecuada a instancias correspondientes.

Resultados

Los resultados obtenidos a partir de la implementación de tamizajes dentro de la tutoría académica permiten evidenciar la relevancia de incorporar procesos diagnósticos en el acompañamiento educativo. A partir del análisis de los datos recabados en contextos urbanos y rurales, se identificaron patrones consistentes en relación con los factores de riesgo, así como diferencias significativas derivadas de las condiciones contextuales.

Diferencias entre contextos urbanos y rurales

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue la identificación de problemáticas diferenciadas según el contexto en el que se desarrollan los estudiantes. En los entornos urbanos de México, los principales factores de riesgo detectados se relacionaron con aspectos socioemocionales y académicos vinculados a la presión institucional. Entre estos destacan la ansiedad académica, la desmotivación, la sobrecarga de actividades y la falta de sentido en los procesos de aprendizaje.

En estos contextos, si bien los estudiantes cuentan con mayores recursos materiales y acceso a servicios, enfrentan altos niveles de exigencia que impactan en su bienestar emocional. La presión por el rendimiento académico, sumada a la competitividad, genera escenarios en los que el estudiante experimenta estrés constante, lo que influye negativamente en su desempeño y en su permanencia escolar.

Por otro lado, en los contextos rurales del estado de Guanajuato se identificaron condiciones de mayor vulnerabilidad estructural. Los factores de riesgo más recurrentes estuvieron asociados a limitaciones económicas, rezago educativo, dificultades en el acceso a servicios básicos y escasa disponibilidad de recursos educativos. Asimismo, se observaron problemáticas relacionadas con la continuidad educativa, derivadas de la inestabilidad en la planta docente y la falta de acompañamiento académico en el entorno familiar.

A diferencia de los contextos urbanos, en los entornos rurales las dificultades no se centran únicamente en el ámbito emocional, sino que están profundamente vinculadas con condiciones estructurales que limitan las oportunidades educativas. Esta diferencia evidencia la necesidad de diseñar estrategias de tutoría contextualizadas, que respondan a las características específicas de cada entorno.

Identificación de factores invisibles

Uno de los aportes más significativos de los tamizajes fue la posibilidad de identificar factores de riesgo que no son visibles en el aula. A través de la aplicación de los instrumentos diagnósticos, se logró detectar una serie de problemáticas que no habían sido previamente consideradas en los procesos de tutoría.

Entre los factores invisibles identificados se encuentran:

  • Problemas emocionales como ansiedad, estrés y tristeza persistente.

  • Conflictos familiares y dinámicas de violencia.

  • Baja autoestima y percepción negativa de sí mismos.

  • Falta de redes de apoyo.

  • Desmotivación y pérdida de sentido en la trayectoria educativa.

Estos elementos, al no manifestarse directamente en el rendimiento académico inmediato, suelen pasar desapercibidos en modelos tradicionales de tutoría.

Sin embargo, su impacto en la trayectoria del estudiante es significativo, ya que influyen en su capacidad de concentración, en su compromiso académico y en su permanencia en el sistema educativo.

La identificación de estos factores permitió comprender que muchas de las dificultades académicas no están relacionadas con la capacidad del estudiante, sino con condiciones emocionales y contextuales que afectan su proceso de aprendizaje.

Diseño de intervenciones contextualizadas

La información obtenida a través de los tamizajes permitió diseñar estrategias de intervención ajustadas a las necesidades específicas de cada estudiante. Este proceso representó un cambio significativo respecto a los modelos tradicionales de tutoría, ya que las acciones dejaron de ser generalizadas para convertirse en intervenciones personalizadas.

Las estrategias implementadas incluyeron:

  • Orientación en organización académica y gestión del tiempo.

  • Acompañamiento emocional mediante espacios de escucha activa.

  • Canalización a instancias de apoyo psicológico o institucional.

  • Fortalecimiento de habilidades socioemocionales.

  • Vinculación con redes de apoyo familiares o comunitarias.

Estas intervenciones no solo atendieron el desempeño académico, sino que abordaron al estudiante desde una perspectiva integral, considerando su contexto y sus condiciones particulares.

Impacto en la permanencia escolar

Uno de los resultados más relevantes del estudio fue el impacto positivo de la tutoría basada en tamizajes en la permanencia escolar. Se observó que los estudiantes que recibieron acompañamiento durante un semestre fundamentado en diagnóstico presentaron una mayor continuidad en su trayectoria educativa.

La detección temprana de factores de riesgo permitió intervenir de manera oportuna, evitando que las problemáticas se agravaran hasta derivar en abandono escolar. Asimismo, se identificó un incremento en el compromiso del estudiante con su proceso educativo, reflejado en una mayor asistencia, participación y cumplimiento de responsabilidades académicas.

Este resultado refuerza la importancia de la prevención como estrategia central en la tutoría académica, en contraste con los modelos reactivos que actúan únicamente cuando los problemas ya son evidentes.

Fortalecimiento del bienestar socioemocional

Otro de los hallazgos relevantes fue el impacto de la tutoría basada en tamizajes en el bienestar socioemocional de los estudiantes. El acompañamiento permitió generar espacios de confianza en los que los estudiantes pudieron expresar sus inquietudes. La reducción de los niveles de estrés y ansiedad se identificó a partir de la comparación de los resultados del tamizaje inicial y el tamizaje final, así como del seguimiento realizado durante las sesiones de tutoría y los registros de intervención. Asimismo, se observó el desarrollo de habilidades como la resiliencia, la autorregulación emocional y la toma de decisiones, elementos clave para enfrentar los desafíos académicos y personales. Este fortalecimiento del bienestar emocional tuvo un efecto positivo en el desempeño académico, lo que evidencia la relación entre ambas dimensiones.

Transformación de la práctica tutorial

Los resultados muestran que la incorporación de tamizajes no solo impacta en los estudiantes, sino también en la práctica del tutor. El uso de herramientas diagnósticas permitió a los docentes contar con información más precisa para orientar su intervención, lo que fortaleció su rol como acompañantes del proceso educativo.

En este sentido, la tutoría académica basada en tamizajes representa una transformación en la forma de concebir el acompañamiento, al pasar de un modelo intuitivo y generalizado a uno fundamentado en evidencia y centrado en el estudiante.

Discusión

El análisis de los hallazgos permite identificar que la principal contribución del modelo implementado no radica únicamente en la detección de factores de riesgo, sino en la transformación del proceso de toma de decisiones dentro de la tutoría académica. En este sentido, el uso de información diagnóstica modifica la lógica tradicional de intervención, desplazando prácticas basadas en la intuición o en la reacción tardía hacia esquemas más sistemáticos y anticipatorios. Este cambio resulta particularmente relevante en contextos educativos donde las decisiones suelen depender de la experiencia individual del docente, lo que genera variabilidad en la calidad del acompañamiento.

A partir de los resultados obtenidos, es posible sostener que la incorporación de herramientas estructuradas de diagnóstico no solo mejora la identificación de problemáticas, sino que también contribuye a redefinir el rol del tutor. En lugar de limitarse a funciones de seguimiento administrativo o asesoría académica general, el tutor asume un papel más analítico, sustentado en la interpretación de información y en la priorización de acciones. Esta reconfiguración implica una profesionalización del acompañamiento, en la que la intervención deja de ser homogénea para convertirse en un proceso diferenciado.

Un aspecto que resulta particularmente significativo es la manera en que el modelo permite visibilizar situaciones que, en condiciones habituales, permanecen ocultas dentro de la dinámica escolar. La identificación de señales tempranas no evidentes en el desempeño académico sugiere que una parte importante de los factores que inciden en la permanencia opera fuera de los mecanismos tradicionales de evaluación. Esto plantea la necesidad de ampliar los criterios mediante los cuales se identifica el riesgo, incorporando dimensiones que no suelen ser consideradas en los sistemas de seguimiento institucional.

En este sentido, el modelo analizado permite cuestionar la suficiencia de los indicadores convencionales utilizados para monitorear la trayectoria estudiantil. La dependencia exclusiva de variables como calificaciones o asistencia limita la capacidad de las instituciones para intervenir de manera oportuna, ya que estas suelen reflejar problemáticas cuando ya se han consolidado. La evidencia obtenida sugiere que es necesario transitar hacia sistemas de información más integrales, que permitan anticipar escenarios de riesgo en lugar de reaccionar ante ellos.

Por otro lado, los hallazgos permiten reflexionar sobre la relación entre intervención educativa y equidad. La posibilidad de identificar diferencias en las condiciones de los estudiantes abre la puerta a estrategias más ajustadas a sus necesidades, lo que representa un avance respecto a los modelos uniformes. Sin embargo, también plantea un desafío importante: la capacidad institucional para responder de manera diferenciada. Detectar necesidades no garantiza su atención si no existen recursos, estructuras y voluntad para actuar en consecuencia.

En este punto, se evidencia una tensión entre el potencial del modelo y las condiciones reales de operación en las instituciones educativas. Si bien la incorporación de herramientas diagnósticas amplía la comprensión del estudiante, su impacto depende de la existencia de mecanismos que permitan traducir esta información en acciones concretas. De lo contrario, el diagnóstico corre el riesgo de convertirse en un ejercicio meramente descriptivo sin incidencia real en la permanencia escolar.

Otro elemento relevante tiene que ver con la temporalidad de la intervención. La posibilidad de actuar en etapas tempranas modifica no solo el tipo de estrategias implementadas, sino también su efectividad. Actuar antes de que las problemáticas se intensifiquen permite trabajar desde un enfoque preventivo, lo que reduce la necesidad de medidas correctivas más complejas. Esto implica un cambio en la lógica institucional, que tradicionalmente ha privilegiado la atención de casos críticos sobre la prevención.

Los datos permiten identificar que la intervención no puede centrarse exclusivamente en el estudiante como individuo, sino que debe considerar su entorno. La información obtenida evidencia que muchas de las condiciones que afectan la trayectoria educativa se encuentran fuera del ámbito escolar, lo que limita el alcance de las acciones que pueden implementarse desde la tutoría. Esto plantea la necesidad de articular redes de apoyo más amplias, que incluyan servicios externos y estrategias interinstitucionales.

En términos operativos, el modelo implementado también permite observar la importancia de contar con procesos sistemáticos de seguimiento. La identificación inicial de factores de riesgo resulta insuficiente si no se acompaña de una evaluación continua que permita ajustar las estrategias de intervención. Este seguimiento no solo facilita la atención de los estudiantes, sino que también genera información valiosa para la mejora de los propios programas de tutoría.

No obstante, la implementación del modelo evidencia la existencia de barreras que deben ser consideradas. Entre ellas, destaca la carga de trabajo del personal docente, que puede limitar la profundidad del acompañamiento. Asimismo, la incorporación de nuevas herramientas requiere procesos de capacitación que no siempre están contemplados en las estructuras institucionales. Estos elementos sugieren que la innovación en la tutoría no depende únicamente del diseño de estrategias, sino de las condiciones en las que estas se implementan.

Otro aspecto que emerge del análisis es la necesidad de construir una cultura institucional orientada al uso de información obtenida en las tutorías.

La disponibilidad de datos no garantiza su aprovechamiento si no existen prácticas que favorezcan su interpretación y utilización en la toma de decisiones. En este sentido, el modelo no solo implica la introducción de instrumentos, sino también un cambio en la manera en que se concibe la gestión educativa.

Desde una perspectiva más amplia, los hallazgos invitan a reconsiderar la forma en que se abordan los procesos de permanencia escolar en los niveles medio superior y superior. La evidencia sugiere que las estrategias basadas en enfoques generalizados resultan insuficientes para atender la diversidad de trayectorias estudiantiles. En contraste, los modelos que incorporan información diagnóstica permiten una aproximación más cercana a la realidad de los estudiantes, lo que incrementa la pertinencia de las intervenciones.

En este sentido, el estudio aporta elementos para pensar en la construcción de modelos de acompañamiento más flexibles, en los que la intervención se adapte a las características del estudiante y no al revés. Esto implica reconocer la diversidad como un elemento central en el diseño de estrategias educativas, así como la necesidad de contar con herramientas que permitan gestionarla de manera efectiva.

Finalmente, es importante señalar que, si bien los resultados son consistentes con la lógica del modelo implementado, estos deben ser interpretados considerando las condiciones específicas en las que se desarrolló el estudio. La posibilidad de replicar este tipo de estrategias en otros contextos dependerá de factores como la disponibilidad de recursos, la estructura institucional y el nivel de compromiso de los actores educativos. Más que proponer un modelo cerrado, los hallazgos invitan a reflexionar sobre la necesidad de construir propuestas contextualizadas que respondan a las particularidades de cada institución.

No obstante, la implementación del modelo evidencia la existencia de barreras que deben ser consideradas. Entre ellas, destaca la carga de trabajo del personal docente, que puede limitar la profundidad del acompañamiento. A esta situación se suma un factor estructural frecuentemente invisibilizado en el análisis de la tutoría académica: el elevado número (52) de estudiantes por grupo.

En contextos donde las aulas concentran una alta matrícula, las posibilidades de ofrecer un acompañamiento personalizado se ven considerablemente reducidas, lo que dificulta la identificación oportuna de necesidades individuales. Esta condición no solo incrementa la carga operativa de los tutores, sino que también limita la profundidad de las intervenciones, obligándolas a mantenerse en un nivel general.

En este escenario, la incorporación de herramientas diagnósticas permite compensar parcialmente estas limitaciones, al facilitar la organización de la información y la priorización de casos que requieren atención inmediata. Sin embargo, aun con el apoyo de estos instrumentos, el tamaño de los grupos continúa representando una barrera significativa para el desarrollo de procesos tutoriales efectivos. Esto pone en evidencia que la mejora académica no depende exclusivamente de la innovación metodológica, sino también de las condiciones estructurales en las que se implementa.

Conclusiones

El presente estudio permitió analizar la relevancia de los tamizajes educativos como estrategia central en la tutoría académica, particularmente en contextos de educación media superior caracterizados por la diversidad de trayectorias estudiantiles y la presencia de múltiples factores de riesgo asociados al abandono escolar. A partir de la articulación entre el marco teórico y la evidencia empírica, se identificó que la permanencia escolar no puede comprenderse desde una perspectiva unidimensional, sino como un proceso complejo en el que intervienen elementos académicos, socioemocionales y contextuales.

Uno de los principales aportes de esta investigación consiste en evidenciar las limitaciones de los modelos tradicionales de tutoría académica. Estos modelos, al operar bajo esquemas generalizados y centrados predominantemente en el rendimiento académico, resultan insuficientes para atender la complejidad de las problemáticas que enfrentan los estudiantes. La ausencia de procesos diagnósticos sistemáticos limita la posibilidad de identificar factores de riesgo que no son visibles en el aula, lo que deriva en intervenciones tardías o poco pertinentes.

En contraste, la incorporación de tamizajes dentro de la tutoría académica permite transitar hacia un enfoque preventivo y contextualizado. Los resultados muestran que los tamizajes facilitan la identificación temprana de problemáticas relacionadas con el bienestar emocional, las dinámicas familiares y las condiciones sociales del estudiante, elementos que inciden directamente en su trayectoria educativa. Esta capacidad de detección temprana representa un avance significativo respecto a los modelos reactivos que predominan en muchas instituciones educativas.

Asimismo, el estudio evidencia que la tutoría académica basada en diagnóstico no solo mejora la pertinencia de las intervenciones, sino que también contribuye al fortalecimiento de la permanencia escolar. Los estudiantes que participaron en procesos de acompañamiento fundamentados en los resultados de tamizajes mostraron mayor continuidad en su trayectoria educativa, así como un incremento en su compromiso académico. Este hallazgo refuerza la importancia de intervenir de manera oportuna y de diseñar estrategias ajustadas a las necesidades específicas del estudiante.

Otro aspecto relevante es el impacto de esta modalidad de tutoría en el bienestar socioemocional. La posibilidad de contar con espacios de acompañamiento sustentados en la comprensión de las condiciones personales del estudiante favorece la construcción de relaciones de confianza, lo que facilita la expresión de problemáticas que, de otro modo, permanecerían ocultas. Este proceso no solo contribuye a la mejora del estado emocional del estudiante, sino que también incide positivamente en su desempeño académico.

Desde una perspectiva teórica, los hallazgos del estudio dialogan con los planteamientos de Tinto (2017), al evidenciar que la integración académica y social del estudiante es un factor determinante en su permanencia. La tutoría basada en tamizajes fortalece esta integración al atender de manera personalizada las necesidades del estudiante, lo que favorece su vinculación con el entorno educativo. De igual manera, los resultados se alinean con los enfoques de educación socioemocional (Bisquerra, 2020; Durlak et al., 2011), al demostrar la importancia de considerar las dimensiones emocionales en los procesos educativos.

En relación con el diagnóstico educativo, el estudio confirma lo planteado por Coll (2013) respecto a la necesidad de concebir el diagnóstico como un proceso continuo que orienta la intervención pedagógica. En este sentido, los tamizajes no deben entenderse como instrumentos aislados, sino como parte de una estrategia sistemática que permita dar seguimiento a la evolución del estudiante a lo largo de su trayectoria.

Por otro lado, el análisis de los resultados en contextos urbanos y rurales permitió identificar diferencias significativas en las problemáticas estudiantiles. Mientras que en los entornos urbanos predominan factores relacionados con la presión académica y la desmotivación, en los contextos rurales se evidencian condiciones de mayor vulnerabilidad estructural, como limitaciones económicas y rezago educativo.

Esta disparidad de escenarios refuerza la necesidad de diseñar estrategias de tutoría contextualizadas, que respondan a las características específicas de cada entorno.

No obstante, la implementación de tamizajes dentro de la tutoría académica también plantea desafíos importantes. Entre ellos destacan la necesidad de capacitar a los docentes en el uso e interpretación de instrumentos diagnósticos, así como la disponibilidad de recursos institucionales para dar seguimiento a los casos identificados. Asimismo, se reconoce la existencia de resistencias al cambio en algunos contextos educativos, lo que puede dificultar la incorporación de enfoques innovadores.

En este sentido, uno de los aportes centrales del estudio es la propuesta de integrar los tamizajes como un componente estructural dentro de la materia de tutoría. Esto implica que la tutoría no se limite a un espacio de orientación general, sino que se configure como un proceso sistemático basado en evidencia. La información obtenida a través de los tamizajes debe orientar tanto las acciones de acompañamiento como la toma de decisiones institucionales.

Desde una perspectiva práctica, los resultados sugieren la necesidad de diseñar protocolos institucionales que regulen la aplicación, interpretación y uso de los tamizajes, así como de fortalecer la articulación entre la tutoría académica y otros servicios de apoyo, como la orientación psicológica y el trabajo social. Esta integración permitiría ofrecer una atención más completa y efectiva a las necesidades del estudiante.

En términos de implicaciones educativas, el estudio contribuye a la construcción de una visión más integral de la tutoría académica, en la que el estudiante es concebido como un sujeto multidimensional. Este enfoque no solo favorece la permanencia escolar, sino que también promueve el desarrollo de competencias necesarias para la vida, como la resiliencia, la toma de decisiones y la autorregulación emocional.

Finalmente, se concluye que la tutoría académica debe impartirse bajo los resultados de los tamizajes aplicados, ya que es posible garantizar un acompañamiento pertinente y contextualizado. La tutoría no puede seguir operando como una práctica intuitiva o estandarizada, sino que debe fundamentarse en procesos diagnósticos que permitan comprender la realidad del estudiante y diseñar intervenciones acordes a sus necesidades.

En suma, la incorporación de tamizajes dentro de la tutoría académica representa una estrategia clave para fortalecer la permanencia escolar, mejorar la calidad del acompañamiento educativo y avanzar hacia una educación más equitativa e integral. Su implementación no solo implica una mejora metodológica, sino una transformación en la forma de concebir la intervención educativa, orientándola hacia un enfoque preventivo y correctivo, centrado en el estudiante y sustentado en evidencia.

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