Resumen
En este artículo analizaremos las interacciones de género durante el proceso de cortejo entre estudiantes universitarios en Saltillo, Coahuila, México. A través de un enfoque cuali- tativo y la realización de cuatro grupos de discusión, se identificaron patrones consistentes con el concepto de amor romántico como la iniciativa masculina frente a la receptividad fe- menina, motivada por el miedo a ser juzgadas por sus iguales. Se observó que los hombres tienden a atraer atención mediante la demostración de habilidades o talentos, mientras que las mujeres suelen enfatizar sus atributos físicos. Además, se señala la importancia que los hombres asignan al historial sexual de las mujeres, junto con una tendencia masculina hacia la competencia y la afirmación de virilidad, siguiendo patrones patriarcales. A pesar de algunos cambios en la narrativa, las interacciones de cortejo todavía reflejan patrones de género bastante arraigados en la masculinidad hegemónica y en las feminidades ideali- zadas.
Abstract
In this article we examine gender interactions during the courtship process among uni- versity students in Saltillo, Coahuila, Mexico. Through a qualitative approach and the con- duct of four discussion groups, patterns consistent with the concept of romantic love were identified, like male initiative versus female receptivity, driven by the fear of being judged by peers. It was observed that men tend to attract attention by demonstrating skills or ta- lents, while women often emphasize their physical attributes. In addition, the importance men place on women’s sexual history is noted, along with a male tendency towards compe- tition and the assertion of virility, following patriarchal patterns. Despite some changes in the narrative, courtship interactions still reflect deeply ingrained gender patterns rooted in hegemonic masculinity and idealized femininities.
Palabras clave: Amor; amor romántico; género; dinámicas de género; cortejo; juventudes.
Keywords: Love; romantic love; gender; gender roles; courtship; youth.
Posmodernidad, cortejo, juventudes universitarias actuales
Las juventudes en la actualidad están entendiendo al género desligado del sexo y se están replanteando los roles de género que otras generaciones daban por sentados (Lamas, 2018). Sin embargo, se pueden encontrar reminiscencias del amor romántico y sus prácticas desiguales, particularmente en el cortejo.
Valenzuela (2014) redefine la juventud, no como una categoría de edad, sino como una construcción social marcada por diferencias significativas en cómo los individuos experimentan esta fase de la vida, influenciados por el contexto cultural y la intensidad con la que se vive el tiempo. Este enfoque sugiere la necesidad de hablar de juventudes en plural, tal como lo propone Margulis (2004), reconociendo la diversidad de experiencias entre los jóvenes. Este estudio se centra específicamente en las juventudes universitarias contemporáneas, situadas en el contexto de la posmodernidad, la cual, según Lipovetsky (2017), se caracteriza por la individualización, la búsqueda de nuevas experiencias sensoriales e inmediatas, y según Urdanibia (2011), por una mayor apertura a la diversidad y una tendencia hacia la desjerarquización social.
Fundamentamos esta investigación en las teorías de género propuestas por autoras como Lauretis (1987), Butler (1999), Lamas (2018) y Connell (2005), quienes concuerdan en que el género se configura de manera cultural, discursiva y performativa, determinado por el contexto social, cultural, político y tecnológico. Asimismo, se adopta una visión de la sexualidad que trasciende lo meramente genital y coital, abarcando el género, el erotismo y las conexiones amorosas, según lo expresado por Álvarez-Gayou y Millán (2004), Mimoun y Chaby (2001), Dupin y Hédon (2001) y Rubio (1994). El cortejo se identifica como una etapa fundamental y gratificante dentro de las relaciones amorosas, caracterizada por su incertidumbre, inmediatez y naturaleza pulsional, condicionada por las normas sociales y el género y las condiciones de la posmodernidad descritas por Lipovetsky (2017) –como el cambio constante, la individualización y la búsqueda de experiencias placenteras inmediatas–, en las cuales se desenvuelven las juventudes universitarias de hoy.
Hagene (2008) destaca que el amor romántico es un constructo social a través del cual se sostienen relaciones amorosas que mantienen el dominio y la violencia por parte de hombres a mujeres. En este sentido, Salinas Garza et al. (2023) concluyen que a la fecha siguen siendo las mujeres más vulnerables ante cualquier situación romántica –así como laboral y política– en comparación con los hombres. Por ello resulta necesario abordar desde la investigación social al cortejo y el amor romántico desde el género.
Esta investigación tiene como objetivo analizar los roles de género que se presentan en las etapas de cortejo entre las juventudes universitarias de Saltillo, Coahuilaii. La reflexión surge a través de cuatro grupos de discusión con jóvenes estudiantes de universidades públicas y privadas, identificados e identificadas como heterosexualesi, quienes respondieron a preguntas que abordaron cuatro etapas del cortejo: 1)búsqueda; 2)llamar la atención; 3)primer acercamiento; y 4)primera salida.
El cortejo como interacción entre el género, la sexualidad y el amor romántico
La perspectiva de construcción social del género iniciada con las contribuciones de Mead (1935), subraya que el género no es una cualidad innata determinada biológicamente, sino un conjunto de roles, actividades, normas y valores culturalmente asignados a las personas según su sexo biológico. Esta visión sostiene que la diferenciación de género surge y se perpetúa a través de procesos culturales y sociales, donde el sistema sexo/género transforma la sexualidad biológica en comportamientos, expectativas y roles específicos dentro de la actividad humana (Kimmel, 2011). Lo que define al género no es la biología sino la acción simbólica colectiva y el orden simbólico de una sociedad (Connell, 2003), que establece y mantiene las ideas y expectativas sobre lo que se considera apropiado para hombres y mujeres. Esta comprensión desafía la noción de que las diferencias de género son naturales o predestinadas, destacando en cambio cómo se construyen, aprenden y mandatan dentro de contextos culturales y sociales específicos (Lamas, 2018).
Butler (2018) sostiene que el género se halla desalojado del sexo, argumentando que la identidad biológica y la de género no tienen por qué coincidir, ya que el género es un proceso continuo, lleno de normas sociales y sanciones, más que un estado fijo o inherente. Por su parte, Lamas (2018) define tres aspectos clave en la construcción del género: la asignación de género, basada en la apariencia física al nacer; la identidad de género, que se desarrolla con el aprendizaje del lenguaje y precede la comprensión de las diferencias anatómicas; y el rol de género, conformado por el conjunto de expectativas culturales y sociales sobre lo que se considera masculino o femenino. Juntas, estas perspectivas destacan que el género es una construcción social y cultural, desvinculada de la biología, que se aprende, se negocia y se vive a través de un conjunto complejo de prácticas y discursos sociales que cambian a lo largo del tiempo.
Por otra parte, Connell (2003) propone que la construcción de género se articula a través de tres dimensiones fundamentales: la experiencia corporal, la catexis y las relaciones de producción. La experiencia corporal describe cómo las personas vivencian su género a través del cuerpo, destacando la influencia de las normas sociales y culturales en la percepción y experiencia de la corporalidad. Connell argumenta que la sociedad interpreta y da significado a las diferencias biológicas de manera que refuerza roles y normas de género, modelando profundamente cómo individuos comprenden y experimentan su identidad de género a través de sus cuerpos.
Como segunda dimensión, la catexis se enfoca en las relaciones emocionales y cómo estas se ven mediadas por las normas de género, afectando en el cómo se configuran los deseos, afectos y emociones dentro de las relaciones interpersonales. Esta dimensión subraya la importancia de las normas de género en la estructuración de los vínculos afectivos y las identidades sexuales. La tercera dimensión son las relaciones de producción. Connell examina cómo el género influye en la división del trabajo y las dinámicas de poder económico, señalando cómo los roles de género asignan tareas y valoran el trabajo, tanto en el ámbito laboral como en el doméstico y de cuidados, tradicionalmente menospreciado y asignado a las mujeres. Estas tres dimensiones juntas ofrecen un marco para entender la construcción social del género como un proceso interrelacionado y dinámico, reflejando cómo las estructuras sociales y económicas conforman la experiencia de género en la sociedad.
La construcción del género condiciona la sexualidad, ampliando su espectro más allá de los meros actos coitales, a menudo considerados su principal manifestación. Según Álvarez-Gayou y Millán (2004), la sexualidad impregna todos los aspectos de la vida de las personas, distinguiéndose claramente de la simple función reproductiva. Mimoun y Chaby (2001) subrayan que la sexualidad humana trasciende lo biológico e instintivo, al integrar elementos relacionales, emocionales y psicoafectivos. En este sentido, Dupin y Hédon (2001) recalcan que reducir la sexualidad a su dimensión biológica ignora el papel crucial de los sentimientos, la sensibilidad, las creencias y los símbolos en la conformación de la experiencia sexual. Este enfoque resalta la complejidad de la sexualidad humana que es condicionada por las formas de socialización a partir de las que es construida y aprendida, así como controlada por las diversas estructuras y universos simbólicos en los que se vive.
El modelo holónico de la sexualidad (Rubio, 1994) ofrece una comprensión integral de la sexualidad a través de la interacción de cuatro componentes fundamentales u holones: reproductividad, género, erotismo y vinculación afectiva interpersonal. Cada uno de estos elementos, aunque distintos, interactúa de manera estrecha con los demás. En nuestra investigación, enfatizamos en particular dos de estos holones: el género, entendido como los roles de género, y las vinculaciones afectivas, con un interés particular en su exploración inicial o búsqueda a través del cortejo. Sin embargo, según la perspectiva de Rubio, abordar cualquier holón implica inevitablemente considerar su relación con los demás, lo que subraya la imposibilidad de separar nuestras dos categorías del erotismo y la reproductividad.
Investigaciones previas han detallado cómo la manifestación de la sexualidad se ve influenciada por el concepto del amor romántico, considerándolo el fundamento sobre el cual se edifican las relaciones de pareja en la actualidad (Tenorio, 2012; Resurrección-Rodríguez y Córdoba-Iñesta, 2020; González-Barrientos et al., 2021). Según Hernández (2014), el amor romántico promueve el establecimiento de vínculos matrimoniales permanentes, apoyados en la mutualidad y en la exclusividad sexual y emocional. Pascual (2016) cuestiona esta visión por su enfoque en la búsqueda de la “persona ideal” en lugar de en el desarrollo de una relación sostenible, y por asociar erróneamente la felicidad con tal hallazgo, perpetuando la creencia de que el amor lo justifica todo, incluso el sufrimiento.
Por otro lado, Rodríguez y Rodríguez (2016) destacan cómo las dinámicas amorosas y sexuales de las generaciones más jóvenes se están transformando debido al uso del internet, mostrando una tendencia a disociar el sexo de los sentimientos y a replantear los mitos tradicionales del amor romántico, sin embargo, en el mismo estudio se le sigue definiendo como la idealización de amar a una persona una vez y para siempre, a quien se le considera como única y con quien se conseguirá la felicidad.
A partir de lo anterior, podemos entender al cortejo como una práctica social que se lleva a cabo con el objetivo de relacionarse de manera erótica y/o afectiva con una persona. Blandón y López (2016), en un estudio fenomenológico describieron al cortejo como la fase más gratificante de una relación, señalando tanto hombres como mujeres experiencias placenteras durante este período. Este agrado se atribuye a las expectativas y desafíos que enfrenta la persona que intenta captar la atención de la otra. Simultáneamente, Simmel (cit. en García, 2015) argumenta que las prácticas de cortejo y formación de parejas se relacionan estrechamente con los patrones sociales vigentes –como el género y la expresión institucionalizada de la sexualidad–, sugiriendo que el cortejo es una práctica socialmente aprendida.
Fisher (2006) analiza al cortejo en seis etapas: captar la atención, intercambio de miradas, inicio de conversación, contacto físico sutil, sincronización de movimientos e invitación a salir, tales como a comer. Este estudio se concentra en aspectos específicos como captar la atención, el primer acercamiento (que engloba el intercambio de miradas, la conversación inicial y un contacto físico leve) y la primera salida, identificada con la invitación a comer. Aunque el modelo de Fisher tiene un enfoque biológico y heteronormativo, lo utilizaremos como base para explorar el cortejo contemporáneo entre parejas heterosexuales desde una perspectiva socioconstruccionista, analizando y contrastando cómo se manifiesta esta práctica social.
Método
Para cumplir con el objetivo de esta investigación, que consiste en identificar los roles de género en las etapas de cortejo entre la juventud universitaria de Saltillo, Coahuila, adoptamos un enfoque metodológico cualitativo. Entre las diversas técnicas cualitativas de conversación, seleccionamos los grupos de discusión (Izcara, 2014; Álvarez-Gayou, 2003; Russi, 1998) para establecer un diálogo en torno a las prácticas, roles y significados en el cortejo entre las juventudes, así como para llegar a consensos entre las y los participantes de los grupos de discusión.
Realizamos cuatro grupos de discusión segmentados de la siguiente manera: dos conformados por mujeres heterosexuales, distinguidos según su inscripción en universidades públicas o privadas, y dos integrados por hombres heterosexuales, también diferenciados por el tipo de institución educativa a la que asisten. Cada uno contó con una participación de entre 4 y 7 personas. Las edades de los participantes oscilaron entre los 18 y 24 años, siendo estudiantes de diversas universidades ubicadas en Saltillo, Coahuila, y siguiendo el esquema de bola de nieve.
Esta estrategia de segmentación, tanto por género como por el tipo de institución educativa, pretendió comparar posibles diferencias en los discursos en función de estas variables. Optamos por dividir los grupos por género tras observar, en una prueba piloto mixta, una mayor libertad para discutir de manera desinhibida los temas propuestos en espacios segregados por género. En la Tabla 1, se detallan las características de las personas participantes bajo pseudónimos.
Los grupos de discusión fueron realizados durante el segundo trimestre del 2020, en un contexto pandémico, razón por la cual se realizaron a través de videollamada por Zoom. Esto permitió grabar las sesiones en audio y video con previo consentimiento de las y los informantes. Tabla 1. Características de las personas participantes
| Grupo de discusión | Nombre | Sexo | Edad |
|---|---|---|---|
| 1 Hombres estudiantes en universidad pública | SERGIO | Hombre | 24 |
| ARTURO | Hombre | 19 | |
| PEPE | Hombre | 18 | |
| YAHÍR | Hombre | 18 | |
| ALBERTO | Hombre | 19 | |
| GERARDO | Hombre | 21 | |
| 2 Hombres estudiantes en universidad privada | LUIS | Hombre | 19 |
| RAMIRO | Hombre | 20 | |
| PEDRO | Hombre | 20 | |
| ESTEBAN | Hombre | 19 | |
| 3 Mujeres estudiantes en universidad pública | THALÍA | Mujer | 21 |
| YAZMIN | Mujer | 21 | |
| SANDRA | Mujer | 19 | |
| ANA | Mujer | 23 | |
| ANDREA | Mujer | 20 | |
| FERNANDA | Mujer | 19 | |
| MARÍA | Mujer | 20 | |
| 4 Mujeres estudiantes en universidad privada | MELISSA | Mujer | 20 |
| SOFÍA | Mujer | 22 | |
| REBECA | Mujer | 18 | |
| ADRIANA | Mujer | 19 |
Las preguntas detonadoras de las discusiones se enfocaron en cuatro categorías principales, bajo el marco propuesto por Fisher (2006), que examinan diferentes aspectos del cortejo: 1) Búsqueda, para indagar dónde y cómo las personas buscan pareja, incluido el uso y preferencia de redes sociales; 2) Llamar la atención, para identificar las estrategias para captar el interés en entornos físicos y virtuales; 3) Primer acercamiento, para explorar cómo inician la primera conversación, quién toma la iniciativa y de qué forma; y 4) Primera salida, para conocer quién propone el primer encuentro y cómo se lleva a cabo la conversación en este. Además, en los grupos de discusión surgieron dos temas recurrentes y diferenciados por género: las experiencias sexuales previas y la afirmación de la importancia del consentimiento, resumida en el principio “No es no”.
Para el análisis de las discusiones, se siguieron los tres pasos propuestos por Izcara (2014): simplificar la información, categorizar la información y elaborar el informe de resultados. Los códigos iniciales se organizaron en categorías predefinidas según el marco teórico: búsqueda, captar el interés, inicio de la conversación y primer encuentro. Emergieron otros hallazgos que dieron lugar a nuevas categorías de análisis, como el principio de “no es no” en contextos sexuales y otros, así como las experiencias sexuales previas.
Resultados
A continuación, se presentan de forma detallada los resultados en los cuatro pasos del cortejo: búsqueda, llamar la atención, primer acercamiento y primera salida. Se diferencian, comparan y dialogan los testimonios recogidos de los grupos de discusión con mujeres universitarias y de los grupos de discusión con hombres universitarios.
En la presentación de los resultados se da prioridad a los consensos llegados por los grupos de discusión. De tal manera que cada vez que se aluda a “los hombres” o “las mujeres”, se refiere a esos consensos que llegaron como grupo. Además, se muestran testimonios individuales que representan los consensos o disensos de los grupos de discusión.
Búsqueda
En los grupos de discusión se habló sobre el proceso de búsqueda que a continuación analizaremos en torno a los espacios y las prácticas sociales diferenciadas por el género.
Para una relación significativa, la búsqueda de los hombres se centra en espacios físicos como: la universidad, fiestas o espacios donde hacen actividades que les generan placer. Este grupo de hombres jóvenes utiliza Facebook e Instagram para seguir la conversación o conocer más a quien les haya llamado la atención, pero no es un sitio donde busquen gente nueva. En cuanto a la aplicación de citas Tinder, la describen como una aplicación exclusivamente para encuentros sexuales.
Las mujeres han iniciado una relación amorosa con personas que conocen en la universidad, bares, reuniones o fiestas. Aunque, a diferencia de los hombres, prefieren que no sea en la universidad, tal como lo señala Thalía: No buscaría en la escuela. Si pasa en la escuela pues pasó, pero no voy a la escuela con la intención de ligar (21 años, estudiante de universidad pública).
A diferencia de los hombres, las mujeres describen a Tinder –y otras aplicaciones similares– como una aplicación para divertirse; la han usado de forma lúdica o por curiosidad. Aunque se refieren a estas aplicaciones como señaló Sofía: Siento que sí hay mucha gente que está ahí, o sea, en Tinder o en Bumble, buscando una relación como más sexual, a lo mejor nada más buscando sexo o así (22 años, estudiante de universidad privada).
Prácticas de búsqueda en línea
En el proceso de buscar pareja, los hombres mostraron una tendencia a ser directos, indicando una búsqueda activa de pareja, particularmente en entornos físicos. Por otro lado, las mujeres expresaron que no realizan una búsqueda activa de pareja, sino que esperan que esta se presente de manera espontánea o accidental. Este patrón sugiere un papel tradicionalmente activo en los hombres y pasivo en las mujeres en el contexto del cortejo. Sin embargo, una vez que alguien capta su interés, las mujeres adoptan comportamientos de búsqueda en el ámbito virtual similares a los de los hombres. Ambos géneros recurren a las redes sociodigitales, especialmente Instagram, para investigar a personas que les atraen, lo que indica una práctica común de indagación virtual independientemente del enfoque inicial hacia la búsqueda de pareja.
En cuanto a los hombres, buscan en redes sociodigitales a la mujer que les interesa para saber más de ella y ver qué tipo de persona es, qué le gusta hacer y con quiénes se junta. Por ejemplo, Ramiro comentó: Me meto a todas sus redes a ver sus fotos o su círculo para analizar qué tipo de chava es porque puedes ver mucho de una persona en las fotos que sube o las cosas que comparte (20 años, estudiante de universidad privada). Pedro agregó: En las redes pues sí investigas, como dijo mi compañero, así como el de You, sacándole todo (20 años, estudiante de universidad privada).
La práctica de investigar la vida de la persona que le interesa no es exclusiva de los hombres, Melissa explicó que si no conoce mucho a la persona se pone a investigarla en redes sociales: Siento que sí ayudan mucho las redes sociales porque yo sí soy mucho de: si no lo conozco, luego luego me pongo a investigar (...) por medio de Instagram de que con quién se lleva, con quién platica (20 años, estudiante de universidad privada).
La diferencia entre hombres y mujeres en esta práctica radica, sobre todo, en que ellas resaltaron el uso de la información para tener temas de conversación y poder llamar su atención a través de comentarios de deseos y sentimientos no explícitos y con circunloquios, como lo expresó Thalía: Creo que las redes sociales son muy importantes en este momento del ligue porque ya sabes qué le gusta y ya tienes un tema de conversación y ya tienes cómo tirarle indirectas (21 años, estudiante de universidad pública).
Llamar la atención
Posteriormente del proceso de búsqueda, sigue la llamada de atención que de la misma manera ocurre en espacios físicos y virtuales.
En el espacio virtual, los hombres realizan tres prácticas para llamar la atención de las mujeres: 1)Reaccionar a las fotos o estados de quien les gusta para que se dé cuenta que le interesa; 2)Mandar un saludo por Messenger, ya que les incomoda menos no recibir respuesta; y 3)Publicar mensajes en el perfil personal que sólo ellas entiendan.
Para llamar la atención de los hombres en espacios virtuales, las mujeres reaccionan a historias publicadas por ellos y el intercambio de mensajes privados, evitando los comentarios públicos en las publicaciones. Sofía (22 años, estudiante de universidad privada), explicó que prefiere interactuar con las historias en lugar de dar “likes” en el feed; menciona que una serie de reacciones mutuas puede no derivar inmediatamente en una conversación, pero eventualmente, estas interacciones inician el proceso de cortejo. Por otro lado, Sandra (19 años, estudiante de universidad pública) ilustra otro tipo de dinámicas utilizando los estados de Instagram para llamar la atención de una persona y hay algo en la conversación con esa persona que sólo esa persona lo va a entender, entonces, lo pongo en un estado. Me gustan esas redes para tirar indirectas.
Para llamar la atención en el espacio físico, los hombres se centran en la demostración de pericia en el deporte o las artes. Por ejemplo, Alberto utiliza la música: Mostrar un aspecto de nosotros, por ejemplo, si yo toco música, ella me ve en algún lugar y capto su atención y ya si yo tengo la predisposición de hablar con ella ya voy (19 años, estudiante de universidad pública). Gerardo hace lo propio con el futbol: Una de las cosas que hacemos mis amigos y yo es que si estamos jugando y nos atrae alguna chica, o varias chicas se nos hicieron atractivas, tratamos de reflejar que sabemos jugar bien para llamar la atención (21 años, estudiante de universidad pública). Arturo repite la práctica, pero a través del baile: Me gusta mucho bailar y dos de mis anteriores parejas las he conocido así, me pongo a bailar con mis amigas y me ven y ‘ay es que bailas bien padre’ y pues empiezas a platicar (19 años, estudiante de universidad pública).
Las mujeres, en cambio, nunca mencionaron la demostración de habilidades para llamar la atención, pues se centran más en su apariencia física. Tal como Ana señaló: El coqueteo –que creo que es lo que más se nos da a nosotras las mujeres– radica en ponerte lo mejor que veas en tu closet y te maquillas y te pones perfume; te pones atractiva para él (23 años, estudiante de universidad pública). Yazmín agregó: Cuando alguien me gusta y lo voy a ver pues sí trato de arreglarme y vestirme mejor y ponerme ropa con la que yo sienta que me vea bien (21 años, estudiante de universidad pública). También coincidieron en que un movimiento de llamada de atención por apariencia física y que es socializado por los medios de comunicación consiste en echar el cabello hacia atrás con la mano y sonreír.
Primer acercamiento
Hay una diferencia de género marcada en la práctica del primer acercamiento, ya que ambos coinciden en que son ellos quienes se acercan a ellas y, aunque consideran que ese estereotipo se va quitando, no dudaron en responder que a ellos les toca dar ese primer paso. Como lo señala Arturo: El interés se espera más que nazca de uno –el hombre– porque uno tiene que dar el primer paso la mayoría de las veces (19 años, estudiante de universidad pública). Sin embargo, ellos consideran que poco a poco se va quitando ese estereotipo y se abre la posibilidad de que el género no importa a la hora de buscar o acercarse a alguien.
Contrario a eso, las mujeres coinciden en que son ellos quienes toman la iniciativa de acercarse y aunque a ellas les interese alguien, se detienen, por temor a ser señaladas y prefieren llamar la atención de ellos de otra manera, como apunta Ana: A lo mejor sí me han gustado chavos pero pues no lo hago (ligar) porque digo “qué ridícula” y simplemente me abstengo de hacerlo y de alguna u otra manera lo atraes (23 años, estudiante de universidad pública). Rebeca agrega que: Cuando te acercas, como mujer, sientes que estás avanzando de más (…) Es coqueta, es puta, dicen los hombres, satanizan el ser coqueta (18 años, estudiante de universidad privada).
Aunque coincidan en que normalmente son los hombres quienes se acercan a las mujeres, ambos están de acuerdo en que hay mujeres que toman la iniciativa y la percepción que tienen, tanto ellos como ellas, es que son mujeres seguras de sí mismas: Pienso que es una mujer segura de sí misma; alguien que sabe lo que quiere (Pepe, estudiante de universidad pública). Andrea agrega que conoce a mujeres que toman la iniciativa y para ella: Es como que “qué chido, o sea, qué seguridad en ti misma como para hacerlo tú primero” porque yo soy una persona que me da mucha vergüenza, entonces tal vez no me atrevería, me costaría mucho atreverme (20 años, estudiante de universidad pública).
No obstante, las mujeres que han tomado la iniciativa se sienten juzgadas tanto por hombres como por otras mujeres cuando dan el primer paso, tal como lo señala Sofía:
Siento que satanizan mucho el coqueteo; ser coqueta. Y luego ‘es coqueta, es puta’. A mí me ha molestado mucho en pláticas con mis amigas ‘es que es súper coqueta, es súper aventada’ ¿y qué tiene? O sea, si a un hombre lo ves así en el antro no le vas a decir nada, pero a una mujer le van a decir ‘puta, coqueta, zorra’ (22 años, estudiante de universidad privada).
Para el primer contacto, a diferencia de las redes socio digitales, los servicios de mensajería instantánea, como WhatsApp, se emplean una vez superada la etapa de llamada de atención y la fase de búsqueda de información personal en Instagram. Melissa (20 años, estudiante de universidad privada), menciona: Está mejor WhatsApp pero sí empiezas por Instagram. Si la interacción en Instagram avanza a un nivel más significativo, los usuarios suelen intercambiar sus números de celular, justificándolo con la razón de que revisan Instagram con menor frecuencia. Este paso representa un acercamiento más personal y directo, y a menudo es el preludio de la sugerencia para una primera salida.
Primera salida
Siguiendo la lógica del primer acercamiento, pareciera que el hombre es el obligado a proponer la primera salida. Las mujeres se sienten más cómodas cuando son ellos quienes proponen la salida, así como el lugar. De hecho, a algunas les parece una muestra de interés por parte de ellos. Los hombres coinciden en que deben ser ellos quienes propongan la primera salida, sin embargo, ellos prefieren que sean ellas quienes decidan el lugar.
Las mujeres coinciden en que prefieren que sean ellos quienes las inviten a salir, especialmente porque temen ser señaladas por hacer algo que no les corresponde, como dice Sofía: Qué van a decir de mí, no sólo esa persona, sino los de mi alrededor, qué va a decir mi hermana, mi amiga, mi prima de que “¿por qué lo invitaste a salir tú?, le tocaba a él” (22 años, estudiante de universidad privada). Melissa agrega que el temor por el primer paso es compartido: Todas tenemos el miedo de dar el primer paso. Siempre somos las mujeres las más criticadas (20 años, estudiante de universidad privada).
En los grupos de discusión, todos los hombres expresaron su interés en conocer a mujeres que tomen la iniciativa de invitar al hombre, mientras que las mujeres observaron que los hombres tienden a retractarse cuando ellas asumen ese rol activo. Rebeca (18 años, estudiante de universidad privada), compartió su confusión: ¿Quién entiende a los hombres? Ellos dicen “busco una chava que se aviente” y luego cuando lo haces es como “ay es que lo hizo” (reprobándola). Este comentario subraya la existencia de un estereotipo sobre los hombres como los que deben tomar la iniciativa. Paralelamente, los hombres indican sentirse a gusto proponiendo la primera salida, pero prefieren que la mujer elija el lugar. Arturo (19 años, estudiante de universidad pública), explicó: Uno propone la salida, pero ella sugiere el lugar para que se sienta más cómoda. Así vamos a estar en un lugar que ella conoce y se sienta mejor, mostrando una preferencia por compartir la responsabilidad de la decisión para asegurar el confort de la mujer.
No es no
Observamos que, tradicionalmente, los hombres son quienes inician el acercamiento y sugieren la primera salida, permitiendo que las mujeres acepten o rechacen la invitación. Esta dinámica se complica ante la popularización del principio “no es no”, generando debates sobre su significado absoluto. Se identificaron diferencias en la interpretación del “no” según el contexto: en situaciones sexuales, las mujeres enfatizan que un “no” es definitivo, mientras que algunos hombres sugieren que podría interpretarse de otra manera, aunque optan por respetarlo para evitar conflictos, como mencionó Pepe: Cuando me dicen que no, yo prefiero dejarla ahí, que no pase nada más (18 años, estudiante de universidad pública). Contrariamente, en contextos no sexuales, como invitaciones a salir, el significado del “no” puede ser más flexible. Las mujeres admitieron usar el “no” para proyectar cautela o modestia, aun deseando decir “sí”, como explicó Thalía: A veces por pena, cuando nos invitan a salir, decimos que no. Si digo no pero con pena, es como que sí (21 años, estudiante de universidad privada); o como agregó Sofía que para distinguir el no del no que significa sí hay que prestar atención en qué viene después: Creo que el no-sí, más que un “no” seco, es un “no te preocupes” o un “no pasa nada”. O sea al “no” le agrego un algo y cuando le agrego ese algo es un “sí” (22 años, estudiante de universidad privada).
Esta distinción resalta la complejidad de la comunicación y el consentimiento en diferentes ámbitos de interacción.
Experiencias sexuales previas
Aunque en el discurso contemporáneo parece haberse superado el tema de la virginidad, aún existen discrepancias entre las perspectivas de hombres y mujeres. Por un lado, los hombres declaran que no les preocupa el número de experiencias sexuales previas de las mujeres con las que se cortejan, enfatizando un desinterés por su pasado sexual. Sin embargo, muestran un interés particular en conocer este historial no por juicio, sino por razones de comprensión y precaución en la salud sexual, como indica Pepe (18 años, estudiante de universidad pública): No me importa el pasado, que haya estado con muchas personas, pero al mismo tiempo tengo mis precauciones, me cuido porque uno nunca sabe.
Por otro lado, las mujeres perciben que a los hombres sí les importa destacarse, ya sea siendo el primero o el mejor amante que ellas hayan tenido, evidenciando así una tensión entre la afirmación de indiferencia masculina y la preocupación subyacente por su posición en la historia afectiva y sexual de la pareja. Ana se refirió al respecto como les pega un chorro en el orgullo. Los hombres te preguntan con cuántos has estado y luego te preguntan cuál ha sido el mejor y si no dices que él, olvídate, peor que una bomba atómica. Es horrible (23 años, estudiante de universidad pública). Thalía recordó que cuando su exnovio supo con cuántos había estado ella, no le gustó y siempre se esforzaba de más porque ya había habido alguien antes y él como que decía “tengo que ser el mejor” (21 años, estudiante de universidad pública).
En este sentido, las mujeres aseguran que sigue habiendo diferencias en cuanto a lo sexual entre hombres y mujeres, pues se señala de manera negativa a las mujeres que tienen experiencia en lo sexual, a diferencia de los hombres, como lo destacó Sandra: Creo que lo sexual sigue siendo para ellos algo para presumir y nosotras algo para callar (19 años, estudiante de universidad pública). Adriana agregó que si una mujer tiene mucha experiencia siempre van a decir “puta” y si no “ay es una santa, es bien buena”. Sí está muy marcada esa situación en la sociedad actualmente (19 años, estudiante de universidad privada).
En el contexto de la búsqueda de pareja y las dinámicas de cortejo, se observa cómo los roles de género tradicionales siguen influyendo en las prácticas sociales contemporáneas, a pesar de la presencia creciente de espacios virtuales como medio de interacción. Los hombres, enfocándose en espacios físicos y utilizando redes sociales para profundizar contactos ya establecidos, y las mujeres, empleando estas plataformas de manera más lúdica y estratégica, reflejan patrones de género arraigados en la cultura del cortejo. Sin embargo, la utilidad de las redes sociales para investigar a personas de interés y generar conversaciones indica un terreno común donde ambos géneros maniobran dentro y fuera de estos roles prescritos, mostrando una complejidad en las estrategias de aproximación que trasciende las diferencias de género en la búsqueda de pareja.
La etapa de llamar la atención y el primer acercamiento revela aún más cómo los estereotipos de género prescriben conductas específicas, con hombres generalmente tomando la iniciativa y mujeres enfrentando juicios sociales por actuar de forma proactiva. Esta dinámica, que perpetúa la idea de que los hombres deben liderar el proceso de cortejo, se ve desafiada por testimonios como el de Sofía (22 años, estudiante de universidad privada), quien cuestiona las normativas sociales impuestas sobre cómo deben comportarse hombres y mujeres en el contexto amoroso y sexual.
Siento que estamos viviendo nuestros ligues en base a ‘me dijeron que tenía que ser así’, ‘me dijeron que tenía que esperarme, que el hombre tenía que ser primero’, ‘me dijeron que si me besaba con muchos era puta’, cuando en verdad, si me quiero besar con muchos, si quiero tener relaciones con muchos, si quiero tener sólo un novio o no quiero tener novio o tener relaciones o nunca tener relaciones, como que realmente eso es más decisión mía; decisión de cada hombre, de cada mujer. […] Es algo que me di cuenta –que ya había pensado, ya había reflexionado– pero ahorita me quedé de que: qué coraje que me he detenido, no sé, invitar a alguien a salir o iniciar una conversación o un beso con alguien […] Me quedo con eso: empezar a romper con esas cosas que me dijeron que eran cuando en realidad pues no las he experimentado[…] Me quedo con empezar a vivir mis experiencias y yo crear mi propio significado del amor y de las relaciones y empezar a cortar un poco esos patrones o cosas impuestas de la sociedad.
La reflexión de Sofía (22 años, estudiante de universidad privada) sobre la autodeterminación en las prácticas de cortejo y sexualidad resalta la tensión entre seguir las expectativas sociales y perseguir deseos personales, subrayando la necesidad de romper con las narrativas convencionales para construir relaciones basadas en la autonomía y el consentimiento mutuo.
Discusión
Los resultados de este estudio permiten discutir sobre los roles de género que se presentan en el cortejo de las juventudes universitarias. En este estudio, se puede observar un rol más activo por parte de los hombres que de las mujeres en diversas etapas del cortejo: desde la búsqueda, donde las mujeres señalan que no participan en una búsqueda, a diferencia de los hombres; en el primer acercamiento hay un rol activo por parte de ellos, quienes tienen la tarea de acercarse a ellas y, uno pasivo por parte de las mujeres, quienes esperan a que ellos se acerquen; finalmente, la primera salida también le toca a los hombres el rol de proponer e invitar y a las mujeres, el de aceptar o rechazar. Este rol pasivo que ejercen las mujeres pareciera responder al temor de ser señaladas por sus pares como mujeres aventadas, lanzadas o putas; percepción que ellas desean cambiar pero, aseguran, no han podido.
Siguiendo la construcción social del género que propone Connell (2003), la socialización heteronormada de la catexis, configura socialmente el deseo y las emociones de las juventudes aquí exploradas, pues influye en las preferencias, atracciones y la manera en que se establecen y mantienen los vínculos amorosos, dictando a menudo roles de género tradicionales en el proceso de cortejo. Por ejemplo, las normas de género pueden dictar que el hombre tome la iniciativa en la aproximación, lo cual refleja una construcción social del deseo y el papel activo asignado típicamente a los hombres. Por otro lado, las relaciones de producción afectan la búsqueda de pareja y el cortejo al establecer expectativas sobre quién debe asumir roles proveedores o cuidadores dentro de una relación, basados en la división tradicional del trabajo. Se destaca también cómo los hombres, para llamar la atención de ellas –tanto en espacios físicos como en virtuales– muestran sus habilidades o talentos en alguna disciplina, a diferencia de ellas, quienes se empeñan en ser más atractivas ante ellos. Que los hombres busquen llamar la atención de ellas mostrando habilidades pareciera repetir un patrón de proveeduría; una forma de demostrarle que es hábil para proveer lo que ella necesite.
Aunque Fisher (2006) destaca seis pasos, cuando el cortejo está instalado ya no sólo en el espacio físico, sino también en las redes sociodigitales, surge una adaptación de las prácticas, por ejemplo, reconocerse ya no es sólo con la mirada, sino que se abren otras posibilidades que da la herramienta tecnológica para que las y los usuarios puedan hacerse presentes ante el otro; la charla ya no sólo es presencial, se detona con el comentario o reacción de una publicación o historia en Instagram. Esto permite que los seis pasos de Fisher (2006) se integren en cuatro: búsqueda, llamar la atención, primer acercamiento y primera salida.
En el ámbito físico, tanto hombres como mujeres adoptan estrategias específicas; los hombres tienden a destacar sus habilidades o talentos, mientras que las mujeres suelen resaltar sus atributos físicos. En el entorno virtual, ambas partes utilizan publicaciones en Instagram, como estados o historias, para atraer la mirada de la otra persona, esperando provocar una interacción. Mientras ellos suelen interactuar activamente con las historias o fotos publicadas por ellas para llamar su atención, ellas aguardan por estas reacciones. Según Rivera y Carriço (2019), las juventudes recurren a las redes sociodigitales para ampliar su círculo social más allá del entorno físico, integrando sus actividades online en su vida social offline. Esta interacción sugiere una fusión entre los espacios virtual y físico, donde las diferencias entre ambos se vuelven cada vez menos pronunciadas.
En un par de grupos de discusión se hizo referencia a la serie audiovisual Youiii cuando se abordaba la práctica de mirar las redes sociales de la persona que les interesa, señalando que se sienten como si estuvieran haciendo algo malo. Esto toma relevancia pues se confirma, una vez más, que los medios de comunicación, incluyendo las series audiovisuales de ficción, son generadores de significados y legitimadores del orden social y las prácticas sociales. De tal suerte que, los medios de comunicación juegan un papel relevante en la legitimación de los universos simbólicos que detallan Berger y Luckmann ([1966], 2006) en la construcción social de la realidad social.
Las y los informantes de este estudio parecieran seguir lo que Bauman (2005) argumenta en cuanto que los individuos del mundo líquido, más que relaciones amorosas, buscan conexiones. Las conexiones son relaciones virtuales de fácil entrada y salida, mediante las cuales se conectan con los demás. La diferencia radica en el compromiso, ya que, en estas conexiones, los individuos cambian de pareja y van cambiando de una a otra, con la esperanza de que la siguiente será más gratificante y satisfactoria que la anterior.
Por otra parte, el cortejo suele instalarse más en el territorio de las indirectas que en el de la comunicación clara y directa. Esta dinámica puede responder a la intención de no cerrar las puertas a otros prospectos, de manera que, si se suelta la indirecta, nadie se da cuenta que está cortejando con alguien o, en su defecto, posiblemente alguien más responda a ella. Esto coincide con lo que plantea Tannen (1996), quien sugiere que la indirecta puede ser una forma de mantenerse seguros y seguras frente al riesgo social del rechazo. En este caso, la indirecta opera como una estrategia de cuidado del yo y del otro, fundamental para sostener vínculos sin comprometerse o exponerse demasiado. También se alinea a lo que plantea Bauman (2005) en su tesis sobre el amor líquido en cuanto que los habitantes del mundo líquido suelen estar abiertos a desconectarse de su pareja si se presenta una posibilidad aparentemente más atractiva.
En el cortejo universitario, el uso predominante de comunicación indirecta y circunloquios responde a estrategias de autoprotección emocional, cumplimiento de normas de género, y adaptación a las dinámicas sociales y digitales contemporáneas. Esta forma de comunicarse permite a las juventudes expresar interés amoroso minimizando el riesgo de rechazo y adaptándose a las expectativas culturales que dictan la sutileza femenina y la contención masculina en el cortejo. Simultáneamente, la integración de las redes sociales en la vida cotidiana ha redefinido las prácticas de cortejo (Rodríguez y Rodríguez, 2016), incentivando un enfoque más meditado y reservado, donde la información y el interés se exploran y expresan a través de plataformas virtuales, reflejando un equilibrio entre la protección personal y la exploración del interés romántico. En este sentido, Tannen (1996) argumenta que las mujeres tienden a usar estrategias lingüísticas indirectas no por falta de claridad, sino como una forma de mantener relaciones armoniosas, evitar confrontaciones y fomentar la conexión interpersonal. Los hombres, por el contrario, usan estrategias más directas, asociadas con la afirmación de autonomía y estatus. Esta diferencia no es esencialista, sino socioculturalmente aprendida.
En cuanto a la negación de una salida o un acercamiento por parte de un hombre, se les cuestionó a las mujeres sobre la frase “no es no”, quienes admitieron utilizar –en algunas ocasiones– el no para no sentirse aventadas o lanzadas. Sin embargo, en un contexto sexual, ellas aseguraron que el no siempre es no. Se sugiere profundizar en este hallazgo, pues pareciera relevante para los estudios en torno a las relaciones de intimidad y sexualidad en las juventudes. El hecho que los hombres no distingan da pie a que siga presente la invisibilidad de los abusos sexuales y violaciones por parte de hombres, ya que pudieran escudar sus acciones en este discurso donde el no no siempre es un no rotundo. En este sentido, Tannen (1996) plantea cómo el lenguaje femenino muchas veces evita el conflicto y se expresa con indirectas incluso en la negación, lo que puede llevar a interpretaciones erróneas desde una perspectiva masculina más literal o directa. No obstante, en un contexto de consentimiento sexual, esta ambigüedad puede tener consecuencias graves. La propia autora es crítica respecto a cómo estas diferencias discursivas pueden perpetuar malentendidos de género en las relaciones interpersonales. Si bien no excusa la violencia, su análisis ayuda a entender por qué algunos hombres pueden alegar no haber entendido un no indirecto o matizado. Por eso, se sugiere que la ambigüedad en el discurso debe estudiarse no para justificar violencias, sino para prevenirlas a través de una educación más clara sobre consentimiento y comunicación afectiva.
Otro aspecto relevante es que, a pesar que los hombres aseguran que no les interesa si la mujer a la que están cortejando tiene experiencias sexuales previas, las mujeres aseguran que –según su experiencia– a ellos les importa mucho si son los primeros con quienes experimentan un encuentro sexual y, de no ser así, se esfuerzan por ser los mejores. Un esfuerzo que a ellas les parece irrelevante. Los hombres parecieran seguir una dinámica patriarcal de competencia y virilidad. Esto indica que en los hombres, parecieran estar presentes algunos mitos del amor romántico (Pascual, 2016) cuando se trata de historia de vida sexual de las personas con las que pretenden relacionarse. En especial el mito de la pureza de las mujeres o de la exclusividad sexual, donde se infiere que los hombres con los que se han relacionado las mujeres de este estudio siguen dando más valor a una mujer que no tiene experiencias sexuales previas en comparación con la que sí las han tenido.
La influencia de los mandatos de género en las prácticas de cortejo y sexualidad resalta una dicotomía que restringe la libertad sexual, particularmente evidente en la experiencia de las mujeres. Lagarde (2005) señala cómo estos mandatos perpetúan estereotipos y roles de género tradicionales y se constituyen en cautiverios que limitan la expresión y vivencia de la sexualidad. En este estudio, las participantes evidencian que, mientras los hombres pueden jactarse de sus experiencias sexuales, a las mujeres se les estigmatiza o idealiza en función de su actividad sexual. una mujer con múltiples experiencias sexuales es rápidamente etiquetada como “puta”, mientras que aquella sin experiencia es vista como “una santa”. Esta situación refleja cómo los mandatos de género no sólo moldean las expectativas y comportamientos en el cortejo y la sexualidad, sino que también imponen una carga desigual sobre las mujeres, limitando su libertad y autodeterminación sexual dentro de la sociedad contemporánea.
Finalmente, este análisis subraya la posibilidad de una agencia transformadora en las dinámicas relacionales, a pesar de la persistencia de mandatos de género restrictivos. La reconstrucción de significados alrededor de lo que significa ser hombre o mujer en el siglo XXI sugiere una vía hacia la deconstrucción de normas de género en el ámbito del cortejo y la sexualidad. A través de la experiencia y reflexión personal, como la expresada por Sofía (22 años, estudiante de universidad privada), se evidencia un impulso hacia la liberación de las prácticas de cortejo y sexualidad de las juventudes de las normas de género.
Conclusión
Este estudio revela que, en el cortejo universitario, persisten patrones tradicionales de género a pesar de la integración de plataformas digitales en las dinámicas de interacción romántica. Los hombres suelen adoptar roles más activos, buscando en espacios físicos y digitales, mientras que las mujeres, a pesar de tener la apertura para usar aplicaciones de citas de manera lúdica, enfrentan dilemas al tomar la iniciativa por miedo al juicio social. La investigación en redes sociales se convierte en una herramienta común para ambos géneros, con mujeres empleándola estratégicamente para fomentar el diálogo. La etapa de acercamiento y la primera salida reflejan la continuación de roles de género convencionales, con los hombres proponiendo y las mujeres evaluando la propuesta, subrayando la expectativa de que ellos lideren el cortejo. Sin embargo, la discrepancia en la percepción de las experiencias sexuales previas resalta una doble moral que critica más severamente la sexualidad femenina, evidenciando la necesidad de reevaluar y equilibrar las normas sociales que rigen las relaciones de género en el contexto universitario.
Los resultados del análisis e interpretación de los grupos de discusión muestran que en el cortejo persiste un rol activo para el hombre y uno pasivo para la mujer, que responde al temor de ser señaladas por sus pares de género; se destaca cómo los hombres, para llamar la atención de ellas muestran sus habilidades o talentos, a diferencia de ellas quienes señalaron que muestran ante ellos atributos físicos; es relevante también que, a pesar que los hombres aseguran que no les importa, las mujeres señalan que los hombres le dan mucha importancia a las experiencias sexuales previas de las mujeres, queriendo ser los únicos o, en su defecto, los mejores amantes. En este sentido, los hombres parecieran seguir una dinámica patriarcal de competencia y virilidad.
Aunque pareciera que en el discurso se están cambiando las prácticas del cortejo, este estudio muestra evidencias de que las dinámicas de roles de género basadas en los mitos del amor romántico siguen presentes en las y los jóvenes universitarios actuales. En este sentido, las y los jóvenes universitarios actuales parecieran estar más abiertos a lo plural, a otras formas de entender el cortejo y las relaciones erótico-afectivas. Sin embargo, las ideas y prácticas del amor romántico y la modernidad parecen persistir en el cortejo de las y los jóvenes universitarios actuales, pues tal como lo señala Hernández (2014), las relaciones amorosas de pareja entre juventudes universitarias de Coahuila están determinadas por prácticas y mitos asociados al amor romántico.
Una de las principales limitaciones del presente estudio es que se analizó el cortejo de estudiantes heterosexuales y cisgénero de universidades públicas y privadas en Saltillo, Coahuila, por lo que la muestra no representa –y no pretende hacerlo– a todas las juventudes universitarias de la ciudad o el país. Por lo tanto, sería recomendable replicar este estudio a grupos de estudiantes más amplios, así como con grupos de mujeres interesadas en mujeres y hombres interesados en hombres y, así, poder comparar las prácticas diferenciadas por preferencia sexual. También se sugiere experimentar con estrategias metodológicas de investigación-acción participativa, donde las y los jóvenes puedan ir cambiando sus significados y prácticas en el campo de las relaciones erótico-afectivas, particularmente en el cortejo. En este sentido habrá que dirigir los esfuerzos dentro de la investigación y poner a trabajar las inquietudes e ideas que se plasmaron en los grupos de discusión antes descritos.
Notas
- i.En este estudio se analiza el cortejo de las relaciones heterosexuales, pues todas y todos los participantes se identifican como cisgénero heterosexuales.
- ii.Saltillo es una ciudad mexicana, capital del estado de Coahuila. Fundada el 25 de julio de 1577, tiene una superficie de 272 km² y una población de 1,031,779 habitantes en su área metropolitana.
- iii.Se refiere a la serie de Netflix de 2018 You (Sera Gamble, Caroline Kepnes, Greg Berlanti, April Blair) en la que un administrador de librería utiliza las redes sociales para tener contacto y manipular a las mujeres de las que se enamora.
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